Las posadas-pajar han pasado a engrosar la lista de albergues alternativos en el mundo. Se trata de la nueva tendencia en hoteles que se está dando en Alemania. Aquí te contamos algo más sobre esta curiosa clase de alojamiento.
La busqueda de nuevas experiencias en el turismo nos lleva a no sorprendernos ya de muchas cosas, pero despertar en un extraño hotel con 60 vacas, 2 cabras y un conejito en el pasillo puede desorientarnos si además cuando estás durmiendo en un montón de heno.
La combinación de ganado y alojamiento está de moda en Alemania. En la última década, cientos de granjas en toda Alemania han transformado viejos graneros y almacenes de patatas en “heuhotels” o hoteles de heno, donde los huéspedes pasan la noche en una cama de hierba seca.
Esta idea no es tan descabellada como se podría creer en un principio. Un paraje tranquilo y hermoso, en contacto con la naturaleza y nada de coches ni el estrés de la ciudad. Sólo una granja: con su granjero, sus patos, vacas, gallinas y, por supuesto, su pajar. El granjero invita al visitante a pasar la noche en él y más tarde piensa sacarle unos euros a la idea.
Por lo tanto, estas tendencia en hoteles insólitos es sobre todo seguida por personas a las que la comodidad no les importa tanto como la necesidad de romper con la rutina de la ciudad. Ciclistas que desean dormir en una zona apartada de la urbe, personas que quieren probar el contacto con la vida rústica o hippies. Pero lo más sorprendente es que se está popularizando como hoteles para la noche de bodas.
Hay camas-pajar de todo tipo: se puede dormir con más gente sin un orden concreto, existen también reservados de heno para las parejas, e incluso entre estas tendencias de hoteles existe camas al aire libre. Un coste reducido, duchas al aire libre y posibilidad de ayudar en los trabajos de la granja.
Los eco-friendly hoteles son baratos (no hay sábanas que cambiar) y un atractivo para los muchos ciclistas rurales, amantes de la naturaleza y familias de vida sana. Los alojamientos van desde lofts abiertos llenos de balas de heno, para alimentar los establos equipados con plataformas de madera. Mientras unos pocos hoteles han añadido comodidades y servicios de la civilización como cortinas para dar privacidad y botellas de vino para llevar a la cama, la mayoría aún exige que los clientes lleven su propio saco de dormir y toallas.
